Un viaje hacia esa fuerza misteriosa que da vida al gran arte.

Hay artistas que simplemente suben a un escenario.

Y hay otros que transforman el espacio.

A veces Alessio Paoletti parece estar al alcance de la mano de su público; al instante siguiente vuelve a resultar inalcanzable. Entre esos dos polos nace DUENDE.

El título es un sutil homenaje a Federico García Lorca y a esa fuerza misteriosa que hace que el arte trascienda lo visible y cobre vida propia.

El flamenco constituye el punto de partida poético de esta creación: una forma de danza y, al mismo tiempo, la expresión de una manera de sentir, donde la nostalgia, la alegría, el dolor, la esperanza y la libertad encuentran su lugar. Cada movimiento habla de ello, incluso cuando no se baila.

De esta unión nace un lenguaje escénico único, donde el teatro, la magia, la ilusión, el flamenco y un humor delicado se funden en una atmósfera inconfundible. Lo que sucede sobre el escenario con aparente naturalidad está sostenido por una profunda autenticidad interior y una extraordinaria precisión artística.

Entre la danza y el silencio, el ritmo, el flamenco y la respiración surge una puesta en escena de gran elegancia. Imágenes sorprendentes aparecen con total naturalidad; los momentos de serenidad se alternan con instantes de asombro y de sonrisa. Cada escena invita al espectador no solo a mirar, sino también a sentir.

DUENDE habla de esa fuerza con la que las personas dan expresión a su propia esencia, más allá de las palabras.

Ahí reside precisamente su mayor virtud: el teatro se convierte en un lenguaje que emociona.

DUENDE invita al público a vivir una velada que no solo cuenta una historia, sino que la hace sentir: llena de ligereza, profundidad y de esos momentos excepcionales en los que el teatro se convierte en mucho más que una representación.

Cuando el flamenco expresa lo que las palabras no pueden decir.